Aprendizaje emocionante a través de los juegos

 

Soy Paula Berciano, maestra de Pedagogía Terapéutica. Encontré a Doceo hace poco, en uno de los muchos congresos educativos a los que me apunto, y pronto caí rendida a sus juguetes preciosos y sobre todo, a la filosofía educativa que trascienden…

Desde entonces quiero colaborar con ellos, y no se me ocurre mejor manera que aportar mi pequeño grano de arena, contándoos cómo me planteo la educación de mis alumnos y alumnas. Una educación en la que hay mucho juego y pocas fichas aburridas.

“Este post está dedicado a todos esos maestros y maestras que como yo, se esfuerzan por contagiar al sistema educativo de la fiebre de la emoción. Porque sin emoción no hay aprendizaje”

La atención a niños con necesidades educativas especiales

En mi especialidad, trabajo con niños y niñas con necesidades educativas especiales. Vienen a mi aula unas pocas horas a la semana y necesito que adquieran aprendizajes básicos y útiles para su vida diaria y que no los olviden fácilmente. Así que, ¿de qué manera se consigue eso?

Para dar respuesta a esta sencilla y difícilisima cuestión al mismo tiempo debemos remontarnos a nuestra infancia en el colegio. ¿Qué recordamos de ella? Seguramente recuerdes un castigo injusto, un recreo especialmente divertido, un examen sorpresa en el que sacaste un “cero patatero” y a ese maestro/a que confió en ti y de quien recuerdas hasta el olor y la ropa que llevaba. Pero, volviendo a los aprendizajes ¿cuántos conservarías si no fueses maestro/a? Quizá en esto tendrías que esforzarte mucho y además revivirías experiencias de dudoso valor pedagógico como las copias, los libros de texto interminables, los cuadernillos de caligrafía, el recital de tablas de multiplicar delante de la clase, leer la cartilla en la mesa del maestro/a, etc.

Sí, a generaciones anteriores nos enseñaron que la letra con sangre entra. Pero gracias a ese ya impopular eslogan, ahora enseñamos de otra manera. La sangre se ha sustituido por la emoción en el mejor de los casos. Y es que por fin sabemos que sin ella, no retenemos. Por eso, te acuerdas del castigo y de las copias al igual que de tus mejores momentos, porque te generaron emociones tan fuertes que han creado huella. Esas emociones generan formas de pensar y por lo tanto, de decidir y actuar. El adulto que eres, es el resultado de esa triple experiencia (sentir, pensar, decidir) a lo largo de los años.

“A generaciones anteriores nos enseñaron que la letra con sangre entra. Pero gracias a ese ya impopular eslogan, ahora enseñamos de otra manera. La sangre se ha sustituido por la emoción en el mejor de los casos”

Por eso yo, decidí saltarme cierta burocracia escolar e ir directamente a por las emociones de mis alumnos y alumnas. Abandoné la ficha de rigor, que hablaba de cosas que a mis alumnos no les interesaba “ni un pimiento” e introduje el juego. Si vienen al colegio a aprender, que se vayan a su casa con al menos algo nuevo que contar. Si lo cuentan es que les ha gustado. Si lo cuentan, lo recuerdan…

Y con esto no me refiero a que nos pusimos a jugar a las cartas y al parchís sino que planifico cómo generar aprendizajes memorables (que les emocionen lo suficiente como para recordarlos más allá de un trimestre) a través de juegos adecuados a su edad, a un contenido concreto y un tiempo y grupo de alumnos determinado.

Si la emoción te marca para toda la vida, ¿por qué no pretender que se emocionen siempre aprendiendo?

El juego es una manera de aprender tan válida como otras metodologías, y además, se puede adaptar a las características individuales de cada niño o niña. A poco que conozcas a tus alumnos/as, sabes a quién le gusta el movimiento, a quién le gusta más jugar solo, quién prefiere juegos de mesa o quien se decanta por juegos de competición. Es una grandísima oportunidad para preparar juegos de todos esos tipos para llegar a enseñar un mismo contenido.

Algunos ejemplos que suelo hacer con mis alumnos más “terremoto” son las búsquedas del tesoro, encontrar pistas por el colegio, carreras de relevos en las que hay que “pasar” un contenido al compañero/a, juegos con las manos, coreografías para memorizar (por ejemplo, el baile de las vocales), etc.

Otros juegos más tranquilos pueden ser la baraja de cartas española (para hacer cálculo mental por ejemplo), juegos de memory, juegos de equilibrio con piezas y otros muchos juegos de mesa que trabajan de forma global aspectos de varias asignaturas; como por ejemplo el “Monster Kit” de Manu Sánchez, que trabaja el inicio de la lectoescritura y el cálculo a través del dibujo de monstruos. ¿A quién no le gustaría aprender así?

Monster Kit de Manu Sánchez

El desarrollo socio-emocional mediante el juego

Pero con diferencia, mis juegos favoritos del momento son aquellos que atienden a una parte muy abandonada de nuestro alumnado; precisamente su desarrollo socio-emocional. Cada semana organizo una pequeña asamblea con la mayoría de mis alumnos/as en la que trabajamos las habilidades sociales, la resolución de conflictos a través de la búsqueda de soluciones y la finalizamos con algún juego de este tipo. Mi última adquisición ha sido el “Emotio” de Marta Miguel con el que hablamos de hasta 46 emociones distintas y dan lugar a que los niños y niñas se hagan conscientes de manera temprana de la diferenciación entre emoción, pensamiento y decisión.

Emötiö, el juego para aprender las emociones

¿Que por qué es esto tan importante? Sencillamente, porque si sabemos separarlas, sabremos también que si alguna vez por ejemplo, grito a alguien; no soy malo, es que siento ira, y como es una emoción, viene y va. Y como sé esto, puedo pensar que debo calmarme y entonces decido irme a un rincón tranquilo del aula a recuperarme. Y cuando lo he conseguido, vuelvo a tener otra emoción, la calma. Y en la calma no voy a pensar que soy malo, sino que puedo aprender de mis errores y decidir solucionarlos de otra manera que no sea gritando.

Podría seguir dando ejemplos de juegos que ayudan a un aprendizaje realmente emocionante, pero creo que lo más importante es quedarnos con la idea de que a veces, más esfuerzo y más trabajo, no significa más aprendizaje ni más recuerdo. Ya lo dijo Confucio en esta gran cita: “Oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y aprendo”.

———————-Sobre la autora———————-

Paula Beneciano Abarca
  • Educadora de Disciplina Positiva en el aula. Certificada por la Asociación española de Disciplina Positiva.

  • Educadora de Disciplina Positiva para familias. Certificada por la Asociación española de Disciplina Positiva.
  • Maestra de Pedagogía Terapéutica en escuelas públicas desde el año 2012 con experiencias en colegios de Educación Especial y centros ordinarios de Educación Infantil y Primaria.
  • Preparadora de oposiciones de la especialidad de Pedagogía Terapéutica.

Podrás encontrar más información sobre Paula en:

https://paulabercianoabarc.wixsite.com/paulaptgamifica

O en las redes sociales Youtube e Instagram @paulabenecianopt

 

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